Según el concepto general, se define el marketing disruptivo como aquel orientado a romper esquemas, es decir aquel que produce una ruptura brusca o rompe lo establecido.

Desde que esta tendencia apareció muchos profesionales del sector de la comunicación comercial han tenido más oportunidad de brillar, pues el mercado estaba hambriento de estrategias de este tipo.

Sin embargo como todo ola de pensamiento, el pasar un tiempo, la comodidad aparece y las ideas ya no se defienden por sí mismas, sino que requieren largas explicaciones para defenderlas. Tanto clientes como proveedores incapaces de diferenciar entre una idea “fresca” acuerdan definir un proyecto como “novedoso” cuando no pasa de una copia de lo que se “trabaja en el sector”.

El ejemplo anterior retrata una realidad, la comodidad acecha la industria y las herramientas que nacieron para “acortar los tiempos de producción” en realidad funcionan (en muchos casos) para recrear ideas ajenas.

La necesidad de “facturación” de un mundo que va más rápido nos hace creer que en el mundo publicitario detenerse a tomar conciencia de las necesidades de nuestros clientes, de lo que publica su competencia y de lo que sus consumidores comentan en “tiempo perdido” cuando en realidad son la base de las ideas, de las grandes ideas.

Para poder hacer algo distinto debo conocer lo qué hay en el mercado, no puedo innovar sin conocer los pormenores del mercado actual.